sábado, 20 de agosto de 2016

* La concepción Gnóstica de David R. Hawkins-parte 7 *

***Excelente noche de Sábado para todos.

Interesantísimo capítulo de Hawkins en el cual comparte las distintas graduaciones logradas con su test muscular que nos revela datos correspondientes a nuestro aporte o no a la humanidad desde el punto de vista espiritual en el que estamos inmersos.
Comparto plenamente su visión sobre las malas elecciones de los caminos a seguir y los daños o involuciones que provocan.
Comparto la mirada sobre la subversión de los conceptos espirituales a través de prácticas religiosas que jamás han conducido a algún tipo de evolución y comparto su descripción sobre el aporte que podemos hacer al conjunto humano desde la pequeña y humilde aportación, como siempre digo, que todos y absolutamente todos podemos lograr si despejamos de nosotros el velo del olvido de lo que en Verdad somos.

-El poder del amor que emana de la conciencia de una mínima parte de la humanidad equilibra totalmente la negatividad de la masa total de seres humanos. El 78 % de la población mundial permanece en el rango negativo, por debajo del nivel calibrado de 200, solo un 4 % alcanza el nivel del Amor, y solo el 0,4 % el Amor Incondicional que calibra en 540. Por tanto, cada pensamiento amoroso o compasivo pesa más que miles de pensamientos negativos en la mente de otros. Cambiamos el mundo no por lo que decimos o hacemos, sino como consecuencia de lo que nos hemos convertido. Así, todo aspirante espiritual sirve al mundo.
La intención se define por el contexto que determina el motivo.

Es el motivo el que establece el valor espiritual. Consagrar las propias acciones como un servicio de amor a la vida es santificarlas y transformarlas, de los motivos auto-gratificantes a los dones desinteresados. Definimos la excelencia como una consagración a la más alta regla. Así, cada acción se puede entender como una oportunidad para glorificar a Dios mediante la pureza del esfuerzo. Cualquier trabajo físico puede ser una parte de nuestra contribución al mundo. Hasta el trabajo más sencillo se puede ver como algo que sirve al bien común, y visto en esa luz, el trabajo se ennoblece. En función del modo en que se contextualice la vida, encontraremos alegría o resentimiento.

Lo que hacemos a regañadientes pasamos a hacerlo con generosidad. Si los demás se benefician de los esfuerzos de uno, tanto mejor. Todos tienen la oportunidad de contribuir a la armonía y a la belleza favoreciendo a los demás y dando apoyo así al espíritu humano. Todo aquello que damos gratuitamente a la vida termina por volver a nosotros, porque nosotros somos también parte de la vida. Como las ondas en el agua, cada cosa que se da regresa a aquel que lo ofreció. Lo que afirmamos en los demás, lo afirmamos en nosotros mismos.

Para ser realistas, hemos de tener en cuenta que, en nuestra sociedad, consagrar la vida a alcanzar la iluminación es poco habitual y relativamente raro. El objetivo de la sociedad en general es tener éxito en el mundo, mientras que el objetivo de la iluminación es trascender mas allá de el. Conviene recordar que el mundo funciona dentro del limitado paradigma Newtoniano de causalidad lineal, que tiene sus percepciones imperantes de lo que es ¿real?. Por otra parte, la espiritualidad se basa en las realidades invisibles y los reinos de la no dualidad y por lo tanto puede parecer poco real o, en el mejor de los casos, una rareza para el mundo ordinario.

Para el realista de cerviz dura que opera a partir del reduccionismo material y los ¿resultados? mensurables y concretos, los valores del comprometido espiritualmente parecen vagos, efímeros y sospechosos. De ahí que los niveles de la Ciencia y la Lógica, que calibran en los 400s e imperan en nuestra sociedad, vean con escepticismo los valores y los motivos de aquellos que se encuentran en los niveles del 500s, e insistan en negar cualquier realidad a los niveles por encima del 600. Normalmente, la mayoría de las personas entienden la espiritualidad o la religión =que por cierto confunden entre si= como algo que tiene que ver con ¿lo correcto y lo erróneo?.

La sociedad, en su conjunto, está sumida en los opuestos moralistas del bien y del mal, que derivan en todo un panorama de instituciones culturales de leyes, prisiones, reglamentos gubernamentales, impuestos, contabilidad, tribunales, policía, ejército, política y guerra. En cambio, las organizaciones puramente espirituales carecen de estructuras autoritarias, no poseen inmuebles ni edificios, no tienen oficinas, tesorerías, bienes o dinero, evitan manifestar punto de vista alguno y no se implican en los asuntos externos. Intrínsecamente, las organizaciones espirituales no hacen declaraciones públicas, y operan únicamente a partir de la adherencia voluntaria a los principios espirituales.

No hacen proselitismo, y aunque no tengan empleados, funcionan gracias al servicio. No tienen deudas, obligaciones o inversiones, y así, del que es verdaderamente espiritual se puede decir que esta ¿en el mundo, pero no es de el?. La espiritualidad no busca reconocimientos, pero tampoco acepta culpabilidades.
La vida se hace excepcional en virtud del contexto y de la intención, gracias a los cuales se opta por una jerarquía de valores que motiva todas las actividades. La diferencia entre una vida ordinaria y una vida excepcional es principalmente de contexto.

Valorar el amor por encima de las ganancias constituye ya un cambio de actitud tal que transforma la vida. Cuando la gente se vuelve espiritualmente inspirada y se consagra a ello, su vida puede sufrir importantes trastornos. Muchas de estas personas dejan de pronto empleos, carreras, familia, amigos y posiciones, y con frecuencia parten hacia lugares remotos. Todo este movimiento suele verse con alarma entre los familiares y allegados, que buscan explicaciones psicológicas plausibles. En el mundo ordinario, la gente sana no echa el cerrojo de pronto y lo deja todo con el fin de encontrar a Dios.

Los aspirantes espirituales confunden lo mundano con su voluntad por dejarlo todo para seguir una llamada interior invisible. Y dado que los objetivos de una persona de orientación espiritual son invisibles, para el mundo ordinario puede parecer que la persona se ha vuelto loca, o que está intentando ¿escapar de la realidad?. También puede suceder que los familiares o los amigos se sientan molestos o resentidos por la aparente deserción y por el rechazo a los objetivos por los que el resto del mundo se esfuerza. Dejar privilegios, dinero, poder y posición puede parecerles un ultraje o, incluso, insultante. Muchos devotos adoptan un estilo de vida sencillo, no material, algo que a los antiguos allegados se les antoja una ¿deserción de responsabilidades?.

Unirse a un grupo u organización espiritual es una decisión personal que viene determinada por muchos factores, tanto del presente como del pasado. El factor más importante a considerar es el nivel calibrado de conciencia real del grupo u organización y de sus líderes. Normalmente, la fuente interior de poder de unas enseñanzas espirituales concretas estriba en la ¿gracia del gurú?, que está en consonancia con los niveles calibrados de conciencia. Así, los niveles calibrados reales del fundador de la enseñanza y el nivel de las enseñanzas en si son cruciales.

Este es un punto sobre el que nunca se insistirá lo suficiente. La adhesión entusiasta no sustituye a la verdad, así como tampoco la creencia en la fe de miles o millones de seguidores. El discernimiento espiritual es un raro don e, históricamente hablando, no se da hasta que el ¿tercer ojo? se abre con la visión espiritual. Hasta que esto sucede, cualquier buscador espiritual, por serio que sea, puede llevarse a engaño fácilmente. Si los impostores espirituales no fueran impresionantes, ni carismáticos, ni convincentes, no tendrían seguidores.

Discernir la diferencia requiere de un auténtico experto o una persona de conciencia muy avanzada. El motivo de este error espiritual es que el error del falso gurú es un error de contexto, y el contexto se halla más allá de la limitada percepción del iniciado. La erudición tampoco es una garantía de verdad. Hay maestros de gran brillantez pero cuando se investiga, encuentras que el chakra del corazón esta desequilibrado. En cambio, maestros sumamente amorosos que son ¿todo corazón?, pero en los cuales el tercer ojo o el chakra coronilla está ¿fuera de servicio?, llevan a sus seguidores por un camino errante que puede llegar a convertirse en la más dolorosa de las experiencias humanas, donde la desilusión espiritual lleve a la depresión e, incluso, al suicidio.

La admonición, caveat emptor, aplica sin excepción. Muchas de las grandes religiones del mundo tuvieron su origen en primitivas tribus y culturas nómadas. Y la ignorancia en aquellas épocas era mucho mayor. A las personas ignorantes se las suele convencer e impresionar con facilidad, en especial mediante el miedo y la superstición, y suelen pensar en términos antropomórficos. En aquellos días, los cultos eran desenfrenados. La ciencia no existía y, por tanto, muchos acontecimientos de la naturaleza se atribuían a poderes sobrenaturales.

De ahí que, para influir en estos poderes, se utilizara multitud de amuletos, trozos de animales, huesos, piedras, figuras talladas, sonidos mágicos y símbolos. También incluían lugares de la tierra y fenómenos de la naturaleza, montañas y volcanes, junto con tierras sagradas o lugares ¿santos? y ruinas. Los ¿dioses? eran los responsables de los grandes desastres de la Tierra y de sus cualidades. Hambrunas, inundaciones, terremotos, eclipses de Sol y posiciones de las estrellas se envolvían con un significado sobrenatural y con poderes mágicos.

La gente adoraba a los animales y a los espíritus de los animales. El animismo imperaba. Y en torno a todo esto estaban los ¿espíritus?. De ahí que la manipulación de espíritus también se impusiera. Drogas sagradas, encantamientos, hechizos, trances, conjuros y sacrificios se consideraban de gran valor. Había que aplacar la ira de los dioses mediante la inanición, la flagelación, el sacrificio de animales, la mutilación, jugando con bestias peligrosas y cobras, yaciendo en lechos de clavos, mortificando la carne, llevando una vida de ¿santa? pobreza que traía enfermedades, con rituales dolorosos y con la matanza de animales, aves de corral y vírgenes.

La cultura de la cual emergieron las religiones fue, en muchas ocasiones, un cenagal de salvajismo e ignorancia. Resulta incomprensible el motivo por el cual se pudo llegar a pensar que a Dios le complacía el derramamiento de sangre de los animales o la muerte de una doncella, a menos que uno se dé cuenta de que estas culturas habían generado dicha creencia y habían deificado aquello que era el opuesto exacto de Dios. Estas graves distorsiones de la verdad surgen como proyecciones del lado oscuro del ego, y estos ¿dioses? negativos eran en realidad los dioses de la cólera, dados a la venganza, los celos, la envidia, el rencor, la represalia, la condena, la ira, la destrucción, el castigo, la condena a las penas del infierno y la destrucción de civilizaciones enteras mediante pestes, hambrunas, inundaciones, incendios y tempestades.

Gilgamesh***

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